Tú no montaste un salón para pasarte la noche contestando mensajes. Lo montaste por el oficio: por la cara de la clienta cuando se mira al espejo, por el color que clavas.
Lo demás —los DMs a deshora, las fotos que nunca subes— se ha ido comiendo tus noches y tus domingos. Y encima cargas con la culpa de que “se te da fatal Instagram”, cuando la verdad es que no te dan las manos.
Aquí va lo que pensamos de verdad: tu trabajo merece que lo vean, y tú mereces cerrar el salón y desconectar — sin pagar lo que cobra una agencia que sube fotos de banco y no contesta ni un mensaje.
Hey Kompa es quien se queda con tus DMs y tu Instagram, en el mismo WhatsApp que ya usas. Responde los mensajes con tu voz, publica tu trabajo y te deja el mes de contenido planificado. Mientras tú cortas. No es otra app que aprender: le enseñas cómo hablas con un par de ejemplos, apruebas las primeras respuestas, y a partir de ahí va con tu voz. Nada sale sin tu sí.
Lo que Kompa lleva en tu salón
- Tus mensajes — los DMs y comentarios, respondidos con tu voz y con tus servicios, precios y horarios. Tú apruebas; lo de cerrar la cita lo llevas tú.
- Tu contenido — el antes/después, los textos con tu voz, tus fotos publicadas (con permiso de la clienta) y el mes planificado, con las temporadas preparadas a tiempo.
Lo que no hace (todavía)
- No gestiona citas ni agenda: hoy responde el mensaje, pero la cita la cierras tú. Conectar con Booksy, Fresha y compañía está en camino.
- No corta el pelo (lo intentamos: los consejos de tablón de inspiración que da la máquina son para llorar).
- No te elige el color. Le pide a la clienta una foto de referencia y te la pasa a ti, que para eso eres tú la profesional.
Tú, al sillón. Lo de fuera —los mensajes, las fotos, el Instagram— lo llevo yo.